✨ Comenzamos la novena temporada en SinOficina: ¡Vente a conocer las novedades!

Un coworking... ¿online?

Esa es la reacción habitual cuando explicamos qué es SinOficina. Pero cuando conozcas la historia le encontrarás el sentido. Prometido.

Me llamo Bosco, nací en Gandía Shore y decidí estudiar Arquitectura porque se me daba bien el dibujo técnico. Hackeé la carrera y conseguí dos becas de intercambio académico para vivir un año en Noruega y medio año en Japón. Me di cuenta que me apasionaba vivir en otros lugares y esto marcó la dirección que tomaría el resto de mi vida.

Nada más terminé la carrera cogí una mochila, la llené con lo que pude y compré un vuelo de solo ida a Shanghai. Desde ahí inicié un primer viaje de 9 meses recorriendo Asia y Oceanía.

Bosco Soler haciendo autoestop en Nueva Zelanda

Durante la carrera había aprendido a hacer páginas web con tutoriales gratuitos, logrando así mis primeros clientes. Clientes que pude mantener durante el viaje gracias a mi ordenador portátil y a las redes WiFi a las que me iba conectando. Esto fue un cambio de paradigma brutal para mí: ¡podía trabajar desde cualquier parte del mundo!

Vale, sé que puede parecer una cosa obvia hoy en día, pero hace 12 años yo era arquitecto y estaba destinado a trabajar en un despacho de arquitectura. Todos mis compañeros estaban haciendo eso. Toda mi familia esperaba eso. ¿Cómo iba a desperdiciar tantos años de carrera por… hacer páginas web?

Y, sin embargo, eso hice. Porque me daba la libertad de ser mi propio jefe, de decidir mi propio horario y de trabajar desde donde yo quisiese: fuese mi casa, una playa en Bali o una cafetería de Buenos Aires.

Durante los siguientes años no solo hice páginas web, también lancé varios proyectos relacionados con temas que me apasionaban, como la arquitectura interactiva, la tecnología y la domótica.

Con el paso del tiempo, sin embargo, llegué a sentirme solo. Yo había estudiado arquitectura, no tenía ni idea de muchas de las cosas necesarias para llevar un negocio unipersonal: marketing, fiscalidad, ventas, etc. No tenía a nadie a quien preguntarle —mis amigos eran arquitectos o funcionarios— y la información online disponible estaba sesgada por programas de referidos y vendehumos sin escrúpulos.

Probé comunidades online gratuitas pero fue una decepción: casi todo eran mensajes de autopromoción, preguntas que podían resolverse con una búsqueda en Google y ninguna moderación ni dinamización para fomentar las conexiones.

Probé un coworking cerca de mi casa pero fue otra decepción: estaba pagando por un escritorio peor que el mío, una silla peor que la mía y una persona que me cogía llamadas que nadie me hacía. Además, eran casi todo PYMEs locales y no autónomos emprendiendo online, como yo.

Y en uno de esos momentos de lucidez que solo pueden llegar en la ducha pensé: «¿y si combino ambos? ¿y si traslado la filosofía de un buen coworking al entorno online?». Sus miembros podrían elegir desde dónde trabajar, pero seguirían pudiendo acceder a una comunidad de profesionales afines en quienes apoyarse, resolver dudas, compartir recursos, etc. Decidí que la monetización sería por suscripción —mucho más baja que un coworking tradicional porque no habría que pagar local— y esto me permitiría dedicarle el tiempo y recursos necesarios para que funcionase como yo quería.

Buenísima idea, ¿verdad? Claro, ahora piensas que sí, alma de cántaro, pero en ese momento lo comenté con amigos referentes del mundo online y todos me decían que la idea no tenía futuro. Que nadie iba a pagar por comunidad. Me dijeron que vendiese cursos míos o de otros (con afiliación) y que ofreciese la comunidad como un extra. Lo que se había hecho toda la vida y que funcionaba.

¡Pero es que yo no quería vender cursos! ¡Yo quería compañeros! Así que no hice caso y en septiembre de 2018 avisé a la lista de correo de mi blog e hice un directo para contar la visión que tenía en la cabeza de lo que era (o iba a ser) SinOficina: una comunidad de freelancers y emprendedores online donde de verdad hubiese una conexión genuina entre sus miembros y la voluntad de ayudarnos, entre todos, a crear negocios rentables y sostenibles en el tiempo. Y yo como uno más.

27 personas confiaron en mí y se unieron a esa visión para formar el gérmen de lo que, 7 años después y más de 1.000 miembros, es hoy SinOficina.

Las personas que me acompañan

No pretendo resumir 7 años de vida del proyecto en unos párrafos, pero sí que voy a nombrar a las personas que han sido imprescindibles en su éxito: María, Bohdan y Elio.

María Sajim es, además de mi compañera de vida, la community builder de SinOficina. La persona que conoce a cada uno de los miembros y la que teje los lazos. También es la cabeza organizadora de los eventos presenciales y de las sesiones formativas. SinMaría = SinSinOficina.

Bohdan Shila es el coco detrás del desarrollo de la página web que estás viendo. Gracias a él la web no solo está guapísima, sino que te resultará fácil de usar y útil cuando estés dentro.

Y Elio, mi hijo, quien sin ser consciente me sigue dando razones para continuar en el camino que he elegido: un camino del emprendimiento que está lleno de altibajos emocionales, de momentos duros y agobiantes, pero que también me ha dado la libertad con la que pude viajar por más de medio centenar de países y con la que ahora disfruto cada día de mi familia.

Los principios que nos guían

Llevo años defendiendo que existen muchas maneras de emprender. Desde que viajé a Silicon Valley, tratando de sacar adelante una startup tecnológica, me di cuenta que ese no era el modelo que quería seguir.

Yo no quería dar explicaciones a un grupo de inversores después de haber aceptado su dinero y cedido una parte de mi negocio. No quería gestionar grandes equipos. No quería pasarme el día en reuniones y, sobre todo, no quería trabajar en una oficina.

Yo quería emprender, sí, pero a mi manera. Siendo dueño de mis decisiones, dueño de mi horario y libre de elegir desde dónde quiero trabajar (y vivir). 

Emprender online para vivir offline. Esa es mi filosofía.

Evidentemente, y después de más de una década en el mundo online, soy consciente de los sacrificios que esto supone —crecimiento más lento, soledad e indecisión a la hora de decidir, incertidumbre…— pero uno de los objetivos de SinOficina era minimizar esos obstáculos. Y así aprovechar la libertad de emprender por mi cuenta, ya sea viajando alrededor del mundo o pasando más tiempo con la gente que quiero.

Si conectas con todo esto, si lo que quieres es construir un negocio online que se adapte a tu vida (y no al revés) este es tu lugar. Esta es tu gente. 

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